Sobrevivió a 42 puñaladas de su expareja, pero perdió al bebé que esperaba
Zenaida Muñoz, de 23 años y embarazada, fue a casa de su exnovio a pedirle dinero para una ecografía. Él la atacó con una brutalidad inaudita, dejándola al.
Zenaida Muñoz, de 23 años, tenía un plan sencillo: ir a casa de su expareja, Alex Valle, a buscar el dinero que necesitaba para una ecografía. Estaba embarazada y, a pesar de que ya no estaban juntos, ese bebé era una realidad que los unía. Sin embargo, esa visita en el sector Bella Vista de Santiago, en República Dominicana, se convirtió en una trampa mortal.
La relación de dos años entre Zenaida y Alex había terminado hacía cuatro meses, justo cuando ella se enteró de su embarazo. Según Amandi Muñoz, hermana de la víctima, no fue una ruptura tranquila. La violencia era una constante. “Él estaba acostumbrado a darle golpes, la llevó a un extremo que estaba interna en salud mental”, relató. Zenaida se rehabilitó, pero él la convenció de volver, reiniciando un ciclo que ya le había costado caro.

Esa mañana, el dinero para ver a su hijo en una pantalla se convirtió en el detonante. Alex Valle no le dio el dinero. En su lugar, la atacó. La hermana de Zenaida, con la voz rota, contó lo que la víctima le pudo explicar: “Él le daba muchas puñaladas y seguía; ella le decía que no aguantaba más”. Fueron 42 heridas de arma blanca en total.

Creyéndola muerta tras el ataque y un intento de estrangulamiento, Valle habría intentado deshacerse del cuerpo en la parte trasera de su propia casa. Pero Zenaida sobrevivió. Fue encontrada y trasladada a un hospital, donde permanece en estado delicado. Su cuerpo resistió, pero el de su bebé no. Al día siguiente, perdió el embarazo.
Mientras Zenaida lucha por recuperarse, Alex Valle está prófugo. Su rostro circula en redes sociales, difundido por una familia desesperada que exige a las autoridades intensificar la búsqueda y hacer justicia.
La historia de Zenaida es el eco de una violencia que no termina con la separación. La esperanza de cuidar del hijo que venía en camino la llevó de vuelta a su agresor, y él usó esa conexión para un último y devastador acto de control. Ella sobrevivió para contarlo, pero con la ausencia imborrable de una vida que le fue arrebatada antes de empezar.


