Un Crimen Adolescente con Mente Adulta: El Asesinato de Jeremías Monzón
Tenía 15 años y confiaba en su novia. Lo que siguió fue una sesión de tortura grabada en video, perpetrada por otros adolescentes. Ahora, la sombra de la.
Jeremías Monzón tenía 15 años y una vida por delante en Santa Fe, Argentina. El 18 de diciembre fue la última vez que lo vieron, mientras caminaba junto a su novia, Milagros A., de 16. Lo que sucedió después fue una espiral de crueldad que desafía la comprensión. Jeremías fue torturado y asesinado con más de veinte puñaladas, un acto de salvajismo que sus agresores presuntamente grabaron en video.
Los principales sospechosos del ataque fueron dos adolescentes de 14 y 15 años. Sin embargo, por su edad, la ley argentina los considera “no punibles”. Fueron identificados y entregados de vuelta a sus padres, mientras Milagros era internada en un instituto de menores, sospechosa de haber “entregado” a Jeremías a sus verdugos.

El caso parecía estancado en un limbo legal y moral, pero la investigación dio un giro drástico. Las autoridades detuvieron a la madre de Milagros. La fiscalía sospecha que ella pudo ser la “autora intelectual” o haber brindado una colaboración indispensable para que el crimen se llevara a cabo. Su posible implicación añade una capa de premeditación adulta a una tragedia ya marcada por la violencia juvenil.

Mientras los peritos analizan los teléfonos en busca de pruebas que aclaren el rol de cada implicado, el asesinato de Jeremías ha reavivado un doloroso debate nacional sobre la edad de imputabilidad. Para su familia, la justicia parece una meta lejana, atrapada entre la inimputabilidad de unos adolescentes y la posible manipulación de un adulto. El crimen no solo le quitó la vida a un joven; expuso las grietas de un sistema que no supo cómo protegerlo.


