El Silencio Antes de la Tragedia: El Caso de los Mineros de Concordia
Diez mineros fueron secuestrados en Concordia, Sinaloa. Las autoridades encontraron fosas, pero una revelación oficial lo cambió todo: no había amenazas.
El 23 de enero de 2026, la rutina de diez trabajadores mineros en Concordia, Sinaloa, se rompió para siempre. Vinculados a la empresa canadiense Vizsla Silver, fueron secuestrados, desatando la alarma en un sector ya golpeado por la violencia.
La angustia se convirtió en horror cuando la Fiscalía General de la República localizó restos humanos en fosas clandestinas cerca del municipio. Aunque las identificaciones estaban pendientes, la noticia sacudió a las familias y a la industria, que de inmediato exigió justicia y garantías de seguridad.

En medio de la crisis, una declaración oficial añadió una capa de desconcierto. Omar Hamid García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad federal, afirmó que no existían denuncias previas por extorsión o amenazas contra Vizsla Silver o sus empleados. Según los registros, la violencia había llegado sin aviso, sin una demanda económica que la precediera.

García Harfuch detalló que, a nivel nacional, se combatía la extorsión con cientos de detenciones, pero esas cifras generales no ofrecían consuelo específico para Concordia. Las cámaras mineras advirtieron que la inseguridad ponía en riesgo no solo vidas, sino también la inversión en regiones vulnerables.
El caso dejó una pregunta flotando en el aire de la sierra: si no fue por una extorsión conocida, ¿por qué murieron? La tragedia demostró que, en ciertas zonas del país, el simple hecho de ir a trabajar puede convertirse en una sentencia.


