El Pintor y el Crimen Pasional: La Sombra de Juan Luna
Fue el primer pintor filipino con fama mundial, pero la misma mano que sostenía el pincel apretó el gatillo que acabó con la vida de su esposa y su suegra.
Juan Luna Novicio era el orgullo de Filipinas y una estrella en Europa. A finales del siglo XIX, sus monumentales pinturas históricas le ganaban medallas y el aplauso de la crítica. Radicado en París, se casó en 1886 con Paz Pardo de Tavera, miembro de una influyente y acaudalada familia filipina. Su hogar era un centro de reunión para la élite cultural, una postal de éxito y prestigio.

Pero tras la fachada de la vida bohemia y artística, los celos consumían al pintor. Según los reportes de la época, Luna se volvió posesivo y sospechaba de su esposa, transformando la admiración pública en una tormenta privada. La tensión escaló hasta que el arte no pudo contener más la violencia. El 23 de septiembre de 1892, en su residencia parisina, una discusión se tornó fatal.

Luna tomó un revólver. Su esposa Paz y su suegra, Juliana Gorricho, aterrorizadas, se encerraron en un baño. Él derribó la puerta y disparó. Juliana murió en el acto de un disparo en la cabeza. Paz quedó gravemente herida y falleció días después, el 4 de octubre. El célebre artista se convirtió en un doble asesino. Sin embargo, su juicio fue un espectáculo. Defendido por un abogado de renombre, el caso se presentó como un “crimen pasional”, un acto de honor herido. El tribunal parisino lo absolvió de asesinato en febrero de 1893, condenándolo solo a una indemnización. El genio había borrado al criminal, dejando una mancha imborrable en su legado y en la memoria de las mujeres que mató.


