Natalia Melmann: 25 años de una lucha incansable por una justicia que aún no llega
Tras un cuarto de siglo del brutal crimen de la adolescente en Miramar, su familia sigue peleando contra la impunidad: cuatro policías fueron condenados, pero.
“Natalia era un ser de luz”, recuerda su padre, Gustavo. A sus 15 años, se levantaba de madrugada para estudiar, vendía diarios para ayudar en casa y soñaba con actores de Hollywood. Era, en sus palabras, “una nena”. Pero esa luz se apagó violentamente la noche del 4 de febrero de 2001 en Miramar, una ciudad costera de Argentina.
Después de salir con amigas, Natalia fue obligada a subir a una camioneta policial. La llevaron a una casa apartada donde fue brutalmente agredida y luego estrangulada con el cordón de su propia zapatilla para asegurar la impunidad de sus atacantes. Su cuerpo fue hallado cuatro días más tarde, oculto entre los árboles de un vivero municipal, desatando una búsqueda desesperada que conmocionó al país.

La investigación apuntó directamente a miembros de la fuerza policial. En un primer juicio en 2002, los oficiales Oscar Echenique, Ricardo Anselmini y Ricardo Suárez fueron condenados a prisión perpetua. Sin embargo, la lucha de la familia Melmann estaba lejos de terminar. La evidencia señalaba a más implicados. Un cuarto policía, Ricardo Panadero, fue absuelto en un polémico juicio en 2018, pero la familia apeló sin descanso.

La perseverancia tuvo su fruto. El fallo fue anulado y, en un segundo juicio en 2023, Panadero finalmente recibió la misma condena que sus cómplices. A pesar de esta victoria, la justicia sigue siendo incompleta. “Hace 25 años que un partícipe directo, una persona que abusó de Natalia, que participó de su homicidio y dejó un rastro de ADN en el cuerpo de mi hermana, camina impune por la calle”, lamenta Nahuel, hermano de la víctima.
Los análisis forenses confirmaron la presencia de perfiles genéticos de cinco personas, pero solo cuatro han sido identificados y condenados. Mientras la familia exige que se investigue a todos los policías en funciones en Miramar en esa fecha, uno de los asesinos ya goza de salidas transitorias. “Son muchos años, nos sentimos más cansados y todavía no podemos dejar tranquila a Natalia”, confiesa su padre. Cada año, una marcha con flores que terminan en el mar recuerda su historia, bajo el lema que resume su viaje: “Amor, Dolor y Lucha”.


