La Masacre de Flores: la noche que el fuego se llevó a una familia y dejó a un sobreviviente luchando por paz
Una madrugada de 1994, un incendio intencional borró a casi toda la familia Bagnato. Solo un adolescente sobrevivió para contar la historia y para enfrentar al.
La madrugada del 17 de febrero de 1994, el silencio del barrio de Flores, en Buenos Aires, se rompió con el estruendo de un incendio. No fue un accidente. Fructuoso Álvarez González, exsocio de la familia Bagnato, roció la casa con combustible por una supuesta deuda de 180.000 dólares, desatando un infierno.
Dentro, la familia dormía. José, el padre; Alicia, la madre; sus hijos Fernando y Alejandro, y un amigo de ellos, Nicolás. El único que logró escapar fue Matías, el hijo de 16 años, quien se despertó asfixiándose y huyó por una terraza guiado por un vecino. Detrás dejó a toda su familia, atrapada por un fuego que no perdonó a nadie.

El responsable, a quien los niños ya apodaban “El Monstruo” por sus previas amenazas, fue condenado a prisión perpetua. Sin embargo, la pesadilla de Matías estaba lejos de terminar. En 2004, una serie de irregularidades legales permitió que Álvarez González fuera extraditado a España, donde recuperó su libertad. Para 2011, había regresado a Argentina y retomado el acoso, llamando a Matías con la misma amenaza: “quemarlo como al resto”.

Durante décadas, Matías luchó incansablemente para mantener a su verdugo tras las rejas, convirtiéndose en un referente para otras víctimas. La persecución terminó por fin el 30 de abril de 2023, cuando Álvarez González murió en prisión. Ese día, Matías pudo finalmente sentir paz, cerrando un capítulo de terror que duró casi treinta años. Su historia no es solo la de una masacre, sino la de una vida dedicada a que la justicia, aunque tardía, prevaleciera.


