El Fin de ‘El Flaco’: Cómo Cayó la Banda que Aterrorizaba un Barrio de Santo Domingo
Llegar a casa debería ser el final del peligro, no el comienzo. Para un residente de Santo Domingo Este, el estacionamiento de su propio edificio se convirtió.
La sensación de inseguridad en el sector Los Frailes, en Santo Domingo Este, no era una paranoia. Una serie de asaltos a mano armada mantenía a los vecinos en un estado de alerta constante, donde cada llegada a casa implicaba mirar por encima del hombro. Para un ciudadano, esa amenaza latente se materializó de la peor forma la noche del 24 de noviembre de 2025.
Acababa de entrar al estacionamiento de su residencia, un espacio que debería ser sinónimo de seguridad. En cuestión de segundos, dos hombres encapuchados y armados lo interceptaron. No hubo tiempo para reaccionar. Lo agredieron físicamente y lo despojaron de todo lo que llevaba: relojes, prendas, documentos, las llaves de sus vehículos y una suma considerable de 300,000 pesos en efectivo. Incluso le quitaron su pistola, que portaba con documentación legal.

La violencia del ataque y la audacia de los criminales activaron una investigación policial exhaustiva. Los agentes no trabajaban a ciegas; la tecnología se convirtió en su principal aliada. Rastreando imágenes de cámaras de seguridad de residencias, comercios y del sistema 9-1-1, lograron identificar el vehículo utilizado en el atraco. Este avance fue clave, ya que permitió conectar este caso con otros asaltos de características similares en la zona.

El rompecabezas comenzó a tomar forma. Las pesquisas condujeron a un operativo que desmanteló a toda la banda. Cayeron cinco hombres, entre ellos Manauri Manuel Ventura Peguero, alias “El Flaco”, señalado como el presunto cabecilla. La estructura incluía a Cristhian Rafael Lara Romero, alias “El Don”, un taxista que usaba su oficio como fachada para transportar a los asaltantes.
La investigación no terminó con los arrestos. Siguiendo el rastro de los objetos robados, la policía llegó a una joyería del municipio. Allí, el propietario entregó voluntariamente dos relojes Rolex con diamantes, admitiendo habérselos comprado a uno de los detenidos. La víctima los reconoció de inmediato. Eran los suyos.
Con los sospechosos bajo custodia y parte del botín recuperado, la comunidad de Los Frailes respira con un poco más de calma. Sin embargo, el caso deja una reflexión inevitable sobre la fragilidad de la seguridad personal. La justicia está en marcha, pero el recuerdo de cómo un espacio seguro se transformó en una escena del crimen perdura, recordando que la tranquilidad puede romperse en un instante.


