El sonido final en una mansión cerrada
Phil Spector y la noche en que el poder se quedó solo Durante décadas, Phil Spector fue sinónimo de genialidad. Productor legendario, creador de himnos inmortales, dueño de un temperamento tan famoso...
Phil Spector y la noche en que el poder se quedó solo
Durante décadas, Phil Spector fue sinónimo de genialidad. Productor legendario, creador de himnos inmortales, dueño de un temperamento tan famoso como su talento. Vivía rodeado de lujo, armas y paranoia. En ese mundo entró Lana Clarkson, actriz que buscaba una oportunidad más en una industria que ya la había dejado atrás.
La noche del 3 de febrero de 2003, ambos coincidieron en un club de Hollywood. Nada indicaba que esa salida terminaría en tragedia. Lana aceptó ir a la mansión de Spector. Lo que ocurrió puertas adentro nunca fue completamente claro, pero los antecedentes del productor —obsesión, control, amenazas previas— empezaron a pesar desde el primer momento.

Horas después, Lana Clarkson yacía muerta en una silla, con un disparo en la boca. Spector salió a la puerta de su mansión y pronunció una frase que marcaría el caso: “Creo que alguien se suicidó en mi casa”. La escena, sin embargo, no coincidía con un suicidio. Las inconsistencias eran demasiadas.
El juicio fue largo, complejo y técnico. La defensa habló de accidente. La fiscalía construyó un patrón: mujeres intimidadas, armas como extensión del poder, una personalidad incapaz de tolerar el rechazo. Testigos relataron episodios previos inquietantemente similares.

Tras un primer juicio sin veredicto, Phil Spector fue finalmente condenado por asesinato en segundo grado. El genio musical terminó sus días en prisión, lejos de los estudios, rodeado solo por el eco de su propio legado.
Lana Clarkson quedó durante años reducida a una nota al pie en la historia de un hombre famoso. Pero el caso dejó una lección incómoda: el poder prolongado, cuando no es cuestionado, puede convertirse en una habitación cerrada donde nadie sale ileso.



