Cuba: ‘Somos un pueblo enfermo desde el alma’
De un día para otro, la vida en Cuba se encareció drásticamente. A la inflación se suman apagones de diez horas y la sensación de que el país es un paciente.
En Cuba, la gente se acostó una noche y despertó en un país aún más caro. Para la tía D., cuya memoria se desvanece, la única certeza es que el pan que el lunes costaba 320 pesos, el miércoles ya valía 350. Una pequeña diferencia que su mente, en letargo, todavía registra, porque la comida es el último altar familiar.
La escalada es brutal y repentina. El paquete de pollo saltó de 3,700 a 4,500 pesos. Un viaje en taxi duplicó su precio. “Esta gente no tiene para cuándo acabar”, dice una prima, refiriéndose al gobierno con una distancia que denota agotamiento y resignación.

A la inflación se suman apagones de hasta diez horas y el olor a carbón que impregna los barrios, la única forma de cocinar para muchos. El presidente Miguel Díaz-Canel ha anunciado que vienen tiempos peores, una declaración que cae sobre una población que solo ha conocido la estrechez y la crisis sostenida.
La gente está ojerosa, cansada. “El cubano está durmiendo dos o tres horas al día, eso no es saludable, somos un pueblo enfermo desde el alma”, llega a decir una voz desde la provincia. La emigración, antes una válvula de escape, ahora es una opción cerrada para la mayoría.

La supervivencia del país, dicen, depende del combustible que le queda. Es la metáfora de un paciente terminal al que están a punto de desconectar. El cóctel mortal no es solo el hambre o la oscuridad, viejos conocidos en la isla, sino la desesperanza de sentirse atrapado en un colapso sin fin.


