Cuando el divorcio se volvió una sentencia
Betty Broderick y la venganza que cruzó el punto de no retorno Durante años, Betty Broderick fue la esposa ejemplar dentro de una narrativa clásica: apoyó a su marido mientras estudiaba medicina y...
Betty Broderick y la venganza que cruzó el punto de no retorno
Durante años, Betty Broderick fue la esposa ejemplar dentro de una narrativa clásica: apoyó a su marido mientras estudiaba medicina y luego derecho, crió a sus hijos y sostuvo el hogar. Dan Broderick construyó una carrera exitosa en San Diego. Cuando el éxito llegó, el matrimonio empezó a desaparecer.
El divorcio fue largo, humillante y profundamente desigual. Dan inició una nueva relación con una mujer mucho más joven y se casó rápidamente. Betty quedó fuera de la casa, fuera de las decisiones y, finalmente, fuera de la vida que había ayudado a construir. La separación no fue solo emocional: fue económica, social y simbólica.

Durante meses, Betty mostró señales de deterioro evidente. Llamadas constantes. Apariciones inesperadas. Cartas cargadas de resentimiento. El conflicto dejó de ser privado y se volvió una guerra abierta, marcada por órdenes judiciales, denuncias cruzadas y una sensación creciente de injusticia que nadie logró contener.
La madrugada del 5 de noviembre de 1989, Betty entró a la casa de su exmarido mientras él y su nueva esposa dormían. Disparó dos veces. No hubo discusión. No hubo confrontación. El acto fue silencioso, definitivo y cargado de años de rabia acumulada.

El juicio dividió a la opinión pública. Para algunos, Betty era una asesina fría. Para otros, el producto extremo de un sistema legal y social que la había empujado al límite. La defensa habló de abuso psicológico y desequilibrio emocional; la fiscalía, de premeditación.
Betty Broderick fue condenada a cadena perpetua con posibilidad de libertad condicional. El caso dejó una pregunta incómoda que sigue vigente: ¿qué ocurre cuando el resentimiento se prolonga, se normaliza y nadie interviene a tiempo? A veces, el amor no muere. Se transforma en algo mucho más peligroso.



