Celulares y Cerebros: El Peligro Acecha en las Manos de los Jóvenes
En la era digital, la inocencia juvenil se enfrenta a una amenaza silenciosa: las redes sociales. Expertos alertan sobre los riesgos de un acceso sin control, mientras el debate sobre la protección...
El brillo de una pantalla, la promesa de conexión instantánea… ¿pero a qué costo? La psicóloga Silvia Álava levanta la voz sobre una realidad inquietante: darle un teléfono a un menor no es un acto inofensivo. Es una puerta abierta a un mundo que, sin la supervisión adecuada, puede ser peligroso.
El debate sobre la regulación de las redes sociales para menores de edad cobra fuerza. Países como Australia y Dinamarca ya han tomado medidas, limitando el acceso a plataformas digitales para proteger la salud mental de los jóvenes. La preocupación es latente, y con justa razón.
El detonante, según la Dra. Álava, es la exposición temprana y prolongada a un universo digital diseñado para enganchar. Las plataformas, con sus algoritmos y estímulos constantes, “hackean” el cerebro, creando una adicción que desplaza actividades esenciales para el desarrollo, como el juego al aire libre, la interacción familiar y el estudio.
El quiebre llega cuando la ansiedad, la depresión y los trastornos alimenticios comienzan a manifestarse. Estudios señalan una correlación entre el uso de móviles y la aparición de estos problemas, especialmente en las adolescentes. El grupo de amigos, pilar fundamental en esta etapa, puede convertirse en un campo de batalla donde los “haters” y la búsqueda de aprobación online erosionan la autoestima.
Las consecuencias son claras: la pérdida de la inocencia, el deterioro de la salud mental y la construcción de una identidad frágil. Ante esta realidad, la Dra. Álava insiste en la necesidad de una supervisión activa por parte de los padres: controlar el tiempo en pantalla, vigilar el contenido y mantener el teléfono fuera de la habitación a la hora de dormir, son pasos cruciales.
En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, la protección de nuestros hijos se convierte en una prioridad. ¿Estamos preparados para este desafío? La respuesta, como en todo crimen pasional, podría estar en el detalle más insignificante: el scroll infinito.




