La Búsqueda de Brianna Genao: 19 Días de Silencio y una Esperanza que se Apaga
Tenía tres años. Desapareció mientras jugaba. Diecinueve días después, el silencio en la zona de búsqueda es casi tan grande como la incertidumbre que consume.
El último día del año, mientras el mundo se preparaba para celebrar, Brianna Genao Rosario, de tres años, jugaba en el patio de la casa de su abuela materna en Imbert, República Dominicana. Luego, simplemente, ya no estaba. Su desaparición desató una movilización masiva de recursos y esperanzas.
Diecinueve días después, la frenética actividad se ha desvanecido. Un recorrido por la comunidad de Barrero, el epicentro de la búsqueda, revela una quietud desoladora. El ir y venir constante de vehículos del Ejército y la Policía ha cesado. Donde antes había un enjambre de uniformados peinando el terreno, ahora solo quedan tres soldados que vigilan un perímetro silencioso, un escenario que alimenta la angustia de una familia que espera.
A pesar de la calma palpable, las autoridades insisten en que la operación no ha sido descontinuada. El coronel Diego Pesqueira, vocero de la Policía Nacional, aseguró que el objetivo sigue siendo encontrar a la menor “sana y salva” y que las labores continúan bajo la coordinación del Ministerio Público. Sin embargo, la realidad en el terreno sugiere un cambio de fase. Los técnicos del FBI, que colaboraban directamente en la zona, concluyeron sus labores prioritarias y se retiraron, aunque el organismo estadounidense sigue apoyando con análisis de inteligencia a distancia.
La investigación tuvo un giro tan oscuro como confuso en sus inicios. Dos tíos abuelos de la niña supuestamente confesaron ser los responsables de su muerte, afirmando haberla enterrado en Barrero. Pero su historia se deshizo en la siguiente frase: dijeron no recordar el lugar exacto, culpando a la oscuridad de la noche.

La versión fue inmediatamente rechazada por la comunidad, que denunció que la confesión se obtuvo bajo presuntos actos de tortura. Poco después, los dos hombres fueron puestos en libertad sin ser sometidos a la justicia, dejando un rastro de dudas y frustración.
Para la familia, cada día que pasa es una agonía. Carlos Manuel Genao, el padre de Brianna, ha expresado su impotencia ante el “hermetismo” con que, a su juicio, los investigadores manejan el proceso. Cansada de esperar respuestas que no llegan, la familia paterna organizó una marcha para exigir que el caso de su pequeña no se convierta en una estadística más, en una carpeta olvidada en un archivo. Es un grito desesperado para que no se apague el foco sobre Brianna.
Mientras la búsqueda local se enfría, la alerta internacional se mantiene. El nombre de Brianna Genao Rosario figura en la base de datos de personas desaparecidas de Interpol, una red global que podría ser crucial si la niña fue sacada del país. Es una esperanza lejana que choca con el silencio de los campos de Imbert.
Diecinueve días es una eternidad cuando una niña de tres años no está. La maquinaria estatal parece reducir su marcha, las pistas iniciales se han disuelto en acusaciones y ambigüedad, y la esperanza se sostiene solo en el amor de una familia que se niega a rendirse. El caso de Brianna ya no es solo sobre encontrarla; es una lucha contra el olvido, contra la posibilidad de que su ausencia se normalice y el silencio se vuelva permanente.


