Balas para una funcionaria, muerte para un inocente: la tragedia de Crecencio Nolasco
Un ataque dirigido a una funcionaria de prisiones terminó con la vida de un hombre que solo estaba haciendo su trabajo. Una bala perdida, un destino equivocado.
Crecencio Nolasco Cruz Santana tenía 63 años y se ganaba la vida como chofer de transporte público en Santiago, República Dominicana. Su rutina, como la de tantos otros, era una de rutas y pasajeros, hasta que un día se encontró en el lugar y momento equivocados.
El 9 de enero de 2026, mientras Crecencio realizaba su trabajo, su camino se cruzó con un vehículo que era el blanco de un ataque armado. Desconocidos abrieron fuego contra el auto de Laura Ricardo, subdirectora del Centro de Corrección y Rehabilitación Rafey Hombres. La agresión ocurrió en la avenida Tamboril, en el sector Monte Rico, pero las balas no solo alcanzaron su objetivo previsto.

En medio del caos, Crecencio fue alcanzado por los disparos. Murió allí mismo, víctima colateral de una violencia que no era para él. Su muerte transformó un atentado dirigido en una tragedia pública.
La investigación, a cargo de la División de Investigación de Crímenes y Delitos Contra las Personas (Dicrim), no tardó en señalar a un sospechoso: Juan Carlos Bretón Veras, alias “El Deportado”. Bretón Veras ya era conocido por las autoridades, con acusaciones previas por un atraco a mano armada en 2023.

La Policía Nacional anunció su captura, presentándola como un paso clave para desarticular al grupo responsable. Mientras la investigación sigue abierta para identificar a todos los implicados, la comunidad queda con la dolorosa certeza de que un hombre inocente pagó el precio más alto. La vida de Crecencio Nolasco no fue interrumpida por un accidente, sino por una guerra ajena que lo encontró en su jornada laboral.


