Secuestrados por la deuda: la extorsión de sanar en República Dominicana
El alta médica llega, pero la puerta no se abre. Para cientos de familias, la pesadilla no termina con la enfermedad, sino con la factura del hospital.
La recuperación de un ser querido debería ser un momento de alivio, pero en República Dominicana, para muchas familias, es el inicio de otra angustia. El paciente está listo para ir a casa, pero el hospital se convierte en una prisión. La razón: una deuda impagable, a menudo inflada, que debe saldarse antes de cruzar la puerta.
Esta práctica, una forma de extorsión en el momento de mayor vulnerabilidad, es el día a día para la Dirección General de Información y Defensa de los Afiliados (DIDA). Solo en enero, la entidad recibió 349 denuncias y evitó que más de 10 millones de pesos fueran cobrados ilegalmente a familias desesperadas.

Los casos son desgarradores. Una mujer que sobrevivió a un evento cerebrovascular vio su alta condicionada al pago de más de 300,000 pesos. En otra situación, el cuerpo de una paciente fallecida tras una larga estancia en cuidados intensivos fue retenido por el hospital, que reclamaba una deuda millonaria a su familia en duelo.
En ambos escenarios, la DIDA tuvo que mediar para que se respetara la ley. “El denominador común de estos casos es la vulnerabilidad de los pacientes y sus familias frente a exigencias económicas indebidas”, explicó Elías Báez, director de la entidad.

La ley dominicana es clara: ningún centro de salud puede condicionar la atención, el alta o la entrega de un cadáver al pago de montos no auditados. Sin embargo, la práctica persiste. La intervención de la DIDA ofrece un respiro, pero deja una pregunta inquietante: ¿cuántos no conocen sus derechos y terminan pagando un rescate por su propia salud? La enfermedad se cura, pero la cicatriz de la extorsión permanece.


