Una familia que unía mundos con sus manos: el trágico final de Anayeli, Víctor y su hija en Michoacán
Dedicaron su vida a tender puentes para la comunidad sorda en Michoacán. Su final fue un acto de violencia incomprensible que silenció sus voces y las de su.
Anayeli H.L. y su esposo, Víctor Manuel M.V., eran más que un matrimonio; eran un puente. Con sus manos, como intérpretes de Lengua de Señas Mexicana (LSM), conectaban mundos, llevando información y debates del Congreso de Michoacán a la comunidad sorda. Junto a su hija de 12 años, Megan, formaban una familia conocida y respetada en Morelia.
El 14 de enero de 2026, esa conexión se cortó. La familia fue vista por última vez en la colonia Ex Hacienda La Huerta. Pasaron tres días de silencio y angustia antes de que sus familiares, presintiendo que algo andaba mal, acudieran a la Fiscalía a denunciar su desaparición. De inmediato, se activaron los protocolos de búsqueda.

La esperanza se desvaneció en el kilómetro 190 de la Autopista de Occidente, en Zinapécuaro. Las autoridades encontraron una escena desoladora: los restos de tres personas, dos adultos y una menor, calcinados en medio de neumáticos aún humeantes. El estado de los cuerpos hizo imposible su identificación inmediata.

Las pruebas forenses confirmaron la tragedia. La Fiscalía General del Estado de Michoacán (FGE) anunció que los cuerpos correspondían a Anayeli, Víctor y su pequeña hija. El análisis reveló además que las víctimas presentaban heridas de bala, reclasificando el caso como un triple homicidio. La noticia cayó como una losa sobre quienes los conocían y admiraban su labor en diversas dependencias del gobierno estatal.
La investigación sigue abierta, sin detenidos ni un móvil claro. La comunidad que una vez se benefició de sus manos ahora se pregunta por qué. La historia de Anayeli, Víctor y su hija no es solo la crónica de un crimen atroz, sino el eco del silencio que queda cuando se apagan las vidas de quienes se dedicaban, precisamente, a romper barreras de silencio.


