El Crimen de Almonte: 151 Puñaladas y Ningún Culpable
Una vecina escuchó gritos: "¡Hijo de puta! ¿Qué haces aquí?". Luego, la voz de una niña: "¡No, por favor, no!". Después, solo silencio y un crimen que sigue.
Marianela Olmedo había dejado el hogar familiar 19 días antes, separándose de su esposo, Miguel Ángel Domínguez, y su hija de 8 años, María. Se fue a vivir con Francisco Javier Medina, un compañero de trabajo de ambos en el supermercado del pueblo. La noche del 27 de abril de 2013, Miguel Ángel y María estaban solos en casa. Él le había prometido pizza después de un partido de fútbol.
Cerca de las diez, una vecina escuchó gritos a través de la pared: “¡Hijo de puta! ¿Qué haces aquí?”. Luego, la voz de una niña: “¡No, por favor, no!”.

Alguien, usando una llave, entró al domicilio y los asesinó con una brutalidad incomprensible. Miguel Ángel recibió 47 puñaladas; su hija María, en un aparente intento por defenderse, 104. Las sospechas recayeron sobre Francisco Javier Medina. La Guardia Civil encontró su ADN en unas toallas limpias de la casa, un lugar donde supuestamente no había estado en años.
Medina fue arrestado, pero su defensa alegó que el ADN pudo llegar allí de forma indirecta, a través del contacto con Marianela.

Durante el juicio, Marianela lo describió como un hombre celoso y controlador, aunque una expareja de Medina contradijo esa versión. A pesar de la evidencia y el perfil que apuntaba a alguien del entorno cercano, un jurado popular lo declaró no culpable. La sentencia fue ratificada por el Tribunal Supremo. Más de una década después, el doble asesinato de Almonte sigue sin un culpable, una herida abierta que la justicia no ha podido cerrar.


