El crimen que la inteligencia prefirió olvidar
Louis Althusser y el silencio que protegió a un asesino Durante décadas, Louis Althusser fue una de las mentes más influyentes del pensamiento marxista europeo. Profesor en la École Normale...
Louis Althusser y el silencio que protegió a un asesino
Durante décadas, Louis Althusser fue una de las mentes más influyentes del pensamiento marxista europeo. Profesor en la École Normale Supérieure, mentor de generaciones de intelectuales, su palabra tenía peso político y académico. A su lado vivía Hélène Rytmann, filósofa, militante y su compañera durante más de treinta años.
La relación estaba marcada por la enfermedad mental, la dependencia emocional y largos periodos de internación psiquiátrica. No era un matrimonio convencional, ni una convivencia tranquila. Hélène sostenía gran parte del equilibrio cotidiano mientras Althusser atravesaba crisis profundas, reconocidas pero minimizadas por su entorno.

La mañana del 16 de noviembre de 1980, en su departamento de París, Louis Althusser estranguló a su esposa. No hubo testigos. No hubo huida. Él mismo confesó el hecho horas después. Dijo no recordar el momento exacto. Dijo haber actuado durante un episodio de confusión mental.
La justicia francesa tomó una decisión excepcional: Althusser fue declarado inimputable por enfermedad mental. No hubo juicio público. No hubo condena penal. Fue internado en una institución psiquiátrica y luego liberado. El caso quedó, legalmente, cerrado sin responsables ante la ley.

La reacción del mundo intelectual fue, en gran medida, el silencio. Se habló de la obra. De la enfermedad. De la tragedia personal. Pero el nombre de Hélène Rytmann se desvaneció rápidamente. Su muerte quedó subordinada al legado de su asesino.
Años más tarde, el propio Althusser escribió sobre el crimen. No para reparar, sino para explicarse. El caso dejó una herida incómoda: cuando el poder intelectual se cruza con el privilegio institucional, incluso el homicidio puede ser tratado como un asunto privado. El amor terminó en silencio. La justicia, también.



